sábado, 12 de diciembre de 2020

Historia del BDSM 1: Antecedentes


Nota: Esta entrada es un extracto de mi TFE que presenté en Septiembre de 2020 para los Estudios Superiores de Diseño de Moda, titulado 'K'.

Introducción

No se puede hablar de la historia del BDSM hasta la creación de un movimiento social homogéneo y definido alrededor del conjunto de prácticas que nos atañe, cosa que ocurrió a mediados del siglo XX.

Sin embargo, este tipo de prácticas no convencionales ya se realizaban antes de recibir su término actual, acuñado en 1991 al cobrar fuerza en una red de noticias y discusiones por Internet (Usenet). También son anteriores a 1885, cuando el psicoanalista Richard Von Krafft-Ebing lo denominó en su tratado “Psicopathia Sexualis” como “Sadomasoquismo” uniendo los términos “sadismo” y “masoquismo” aludiendo a los autores Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814) y Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), quienes recogen en sus respectivas obras las tendencias con las que fueron bautizadas. Incluso se practicaban antes que el Hobaku Jutsu (arte marcial japonés de captura, transporte, interrogatorio y tortura de prisioneros) derivara tras el periodo Sengoku (1568) en el Kinbaku, con una orientación de recreo y sexual, y que se popularizaría en EEUU tras la 2ª Guerra Mundial. Nos podemos remontar hasta la antigua Mesopotamia, habiendo indicios de celebraciones religiosas de carácter sexual, con voluntarios prestándose a ser atados y flagelados. Pero aunque su existencia es evidente, por su naturaleza apenas se han recogido pruebas y testimonios concretos, dejándolo en la más absoluta especulación, ya que no se tiene constancia como se practicaba, ni en qué circunstancias.


Una de las Venus de Kostenki, datada en unos 22.000 años, hallada en los años 80 en la región de Voronezh, Rusia y conservada en el State Hermitage Museum de San Petersburgo. Pueden apreciarse adornos únicos en estatuillas tipo ‘venus’, que se asemejan a encordamientos ¿Podríamos hablar de algún tipo de bondage ritual en el paleolítico?

Hay que hacer hincapié en que este tipo de prácticas anteriores al siglo XX, aunque marcan un precedente importante, no puede considerarse BDSM, ya que carecen de los valores y premisas que lo definen a día de hoy. Se practicaban en contextos muy diferentes, como religioso o por costumbres de la región o tradición, muchas veces sin la existencia de un consentimiento mutuo que hoy lo identifica.

Antecedentes: Siglos XVIII y XIX

Los primeros textos donde se recogen prácticas no convencionales con un objetivo puramente sexual es en la obra de Sade. Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), más conocido por su título nobiliario Marqués de Sade, fue un filósofo y escritor francés, que, alimentado por el racionalismo, defendía que la moral humana era un constructo ideológico y religioso para mantener sometidas a las clases populares mientras que los aristócratas se lanzaban a los placeres virtuosos. Sade hablaba de la perversión como como una demanda social, naturalizando las desviaciones sexuales asi como los actos criminales. Calificado por muchos como un depravado o por tantos otros como un libertador sexual, su vida estuvo plagada de escándalos, siendo acusado y encarcelado debido a su estilo de vida. En dudoso honor a su nombre, la psiquiatría bautizó a un tipo de neurosis consistente en la obtención de placer sexual al infligir dolor, a raíz de las prácticas descritas con gran detallismo en sus novelas, las cuales fueron prohibidas hasta bien entrado el siglo XX.

Grabado de 1800 de la versión alemana de la novela Juliette y las Prosperidades del vicio de Sade, 1897.

Aunque Sade esté relacionado con el BDSM hasta el punto de formar parte del término, no lo podemos definir como tal. Tras un estudio superficial de su obra nos daremos cuenta de que en sus escritos abundan los crímenes sexuales, y salvo raras excepciones, los personajes son vejados sexualmente contra su voluntad.

Por otro lado, el escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), aunque su obra está compuesta por cuentos nacionales y novelas históricas, tras publicar su única novela con tintes eróticos “La venus de las pieles” en 1870, le sobrevino la polémica: en ella, una aristócrata es convencida por el protagonista para ser su esclavo. El autor se basó en su propia experiencia para escribirla, y en su relación con Fanny Pistor, quienes firmaron un contrato de sumisión por un periodo de seis meses, donde él sería su esclavo mientras que ella debía vestir con prendas de piel siempre que le fuese posible, y que le tratase con cierta “crueldad”.


Fotografía original de 1870 de Fanie Pistor y Sacher-Masoch durante su relación, el mostrando una clara actitud sumisa.

Debido a esto y a que en sus obras, generalmente retrataba a personajes que gustaban y disfrutaban del papel de víctimas, acabando en actos sexuales, la psiquiatría usó su apellido para definir la parafilia de obtención de placer sexual a través de sufrir actos de crueldad o dominio.

Desde “Psicopathia Sexualis”, los tratados de psicología del siglo XVIII, XIX, y parte del XX, abordaron el tema de las sexualidades no convencionales desde un punto de vista clínico, tachándolas de desviaciones y parafilias a corregir. Sin embargo, a pesar de la represión sexual, estas prácticas siguieron realizándose en las sombras. Muestra de ello son algunas prendas que nos han llegado, como corsets especialmente apretados para efectuar el ‘Thigh Lacing’, o zapatos no diseñados precisamente para caminar. A finales del siglo XIX, las casas de prostitución a menudo ofertaban prácticas como ataduras o flagelación erótica, bajo el nombre de “pasiones infames”.

Publicado en 1886 por el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing, “Psicopathia Sexualis” pretendía ser una referencia forense para médicos y jueces. Concibiendo el placer sexual con el único objetivo de procreación, el autor calificó de perversiones actividades como la homosexualidad, el sadismo o el masoquismo. Sin embargo, actos como la violación aunque cuestionable, no la consideraba como tal por la posibilidad de derivar en un embarazo.

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